Necesitamos estar listos.

Todos los días escucho una persona decirle a otra lo que tiene que hacer. Yo, personalmente, tengo que esforzarme bastante para no confundir consejo con instrucción y evitar decirle a alguien lo que creo debería ser su siguiente paso. Lo que sucede es que todos tenemos nuestro propio reloj interno y somos nosotros únicamente los que sabemos cuándo es el momento correcto para dar un paso.

Aún cuando sepas qué es lo que deberías hacer: renunciar al trabajo que odias, terminar con el chico que te hace sentir miserable, comprar los zapatos que viste, ir al médico, darte un masaje, empezar a hacer ejercicios, etc. Nada tiene sentido hacerlo si no es el momento correcto. Si damos un paso sin estar preparados, simplemente dejaremos las cosas a medias. Tenemos que estar seguros, desde el fondo de nuestra razón que eso es lo que realmente queremos. Lo que usualmente sucede cuando hacemos cosas sin estar preparados, es que dejamos al novio miserable pero terminamos volviendo, vamos al médico pero no terminamos el tratamiento, hacemos ejercicios pero lo dejamos al mes, compramos los zapatos pero nos pesa lo que costaron. Invertimos tiempo, energía, fuerzas, ganas y vida tomando decisions que eventualmente no nos llevaran al lugar donde quisiéramos estar.

Para todo en la vida hay que estar preparado. Debemos hacer las cosas cuando estemos realmente seguro que “ESO” es lo que queremos. No por complacer a nadie, no porque es lo correcto, no porque es lo que la sociedad espera de nosotros, sino porque realmente es lo que deseamos. Hay una gran diferencia entre lo que es correcto y para lo que estamos preparados. No se puede ir a la universidad sin estar determinado a graduarse, sería perder tiempo y dinero. No podemos ir a un maratón sin sentir que la meta es nuestra. No podemos vernos hermosos sin primero sentirlo dentro. Todo proceso comienza en el interior y todos tenemos ese punto en el que decimos “Ahora estoy listo, yo puedo”.